Cuando el poder no tolera la disidencia: el enojo de un ex periodista devenido en funcionario


11-04-25 Hay gestos que no sorprenden, pero igual incomodan. Esta semana, un funcionario municipal—con pasado en la conducción de un noticiero—me cuestionó por permitir en mi espacio la palabra de voces opositoras al gobierno local. Su enojo fue directo, sin matices: me acusó de tener animosidad hacia la gestión.

Lo curioso es que quien hoy se desempeña como funcionario supo, hasta no hace mucho, defender la importancia del periodismo plural, la necesidad de escuchar todas las campanas y el valor de la crítica como motor democrático. Pero parece que el escritorio público cambia la perspectiva. La libertad de expresión, que en otros tiempos defendía, hoy le molesta. Especialmente si esa expresión no aplaude.

No se trata de una cuestión personal. Se trata de entender, o recordar, que el periodismo no es militancia de gobierno. Que informar, dar espacio a opiniones distintas, no es "tener animosidad", sino simplemente ejercer el oficio con honestidad.

Lo preocupante no es que un funcionario se moleste, sino que crea que puede decidir quién habla y quién no. Y si algo incomoda al poder, probablemente estemos haciendo algo bien.

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